El kilómetro cero de una IA ética, humana y sostenible
La inteligencia artificial está revolucionando el qué y el cómo de las compañías de seguros, pero plantea un reto mayúsculo: que su asombroso potencial conviva con un uso ético y humano, con el cliente en el centro de cualquier decisión. MAPFRE ha elaborado un manifiesto con cinco principios para establecer las bases de esta colaboración

La aparentemente sencilla acción de contratar un seguro –por ejemplo, una póliza para el coche– encierra un sinfín de cálculos invisibles y de máxima precisión. Operaciones que, cada vez con más frecuencia, son ejecutadas en milésimas de segundo por una inteligencia artificial (IA). Una máquina pensante que, además de procesar probabilidades, es capaz de predecir sucesos futuros o anticipar potenciales riesgos. Esta fascinante capacidad, que además puede ser entrenada con el paso del tiempo, está revolucionando el qué y el cómo del sector: “La inteligencia artificial está siendo probablemente la tecnología más disruptiva en la operativa interna de la industria aseguradora”, recogía ya en 2023 un informe sobre digitalización de Unespa, la asociación principal del gremio.
La inteligencia artificial ya es capaz de hacer lecturas inteligentes de imágenes de siniestros y de elaborar modelos que estiman los patrones de desarrollo de una enfermedad
¿En qué campos, en particular, está teniendo lugar esta disrupción? Principalmente, según el documento de Unespa, en “la creación de productos y servicios, así como la reducción de costes, gracias a la precisión de las estimaciones y la automatización”. Y no son meras abstracciones, señala la asociación: la IA –en sus múltiples derivadas, como el deep learning, la rama inspirada en las redes neuronales humanas que enseña a las máquinas identificar variables complejas en un conjunto de datos; o las IAs generativas, un paso más, aquellas que son capaces de producir contenido propio– ya propicia avances concretos. Por ejemplo, hoy existen evaluaciones de riesgos que tienen en cuenta la información recogida por sensores adheridos a objetos –el llamado internet de las cosas–. O modelos que pueden estimar los patrones de desarrollo de una enfermedad. O estimaciones de los costes de reparación en base a la lectura inteligente de imágenes de los siniestros.
El reto: una IA ética, segura y humana
El potencial de la IA es asombroso. Y los expertos señalan que, por el momento, solo hemos avistado la punta del iceberg. Precisamente por eso, y por la enorme cantidad de datos personales que maneja esta tecnología en el segmento de los seguros, es necesario un cuestionamiento ético y constructivo en torno a su uso y sus límites. MAPFRE, una de las principales compañías, y una de las que llevan tiempo utilizando esta tecnología, es también una de las primeras que se ha planteado el desafío: ¿cómo hacer convivir los beneficios de la IA con un uso humano y seguro de la misma? ¿Y cómo conseguir que el cliente sea el primer factor de cálculo en cualquier decisión?
Para poner este debate sobre la mesa, y para ir estableciendo un código básico que articule la relación de las empresas aseguradoras con esta tecnología, MAPFRE ha publicado un manifiesto que plasma cinco principios esenciales para “el uso de una IA humanista, ética y responsable”. Una guía que sirve para reafirmar el compromiso de la compañía con “una IA bien gobernada y respetuosa con personas, empresas y planeta”, siempre con “las personas en el centro”. Un documento al que, además, puede sumarse cualquier empresa del gremio que quiera contribuir a un camino “hacia una mejor IA para todos”.
Una nueva cultura compartida
El primer principio de este manifiesto es la necesidad de “un modelo híbrido” en el que la IA conviva, literalmente, con el humano. Entender esta tecnología, detalla la compañía, como “un habilitador”, un complemento al criterio experto de los empleados, que serán los que tengan la palabra final ante cualquier dilema que salga al paso. En segundo lugar, MAPFRE aboga por un uso responsable de esta tecnología, basada “en el dato y en el buen gobierno”, y coordinada por un órgano específico y transversal, el ya existente Centro de IA.
El primer principio de este manifiesto es la necesidad de “un modelo híbrido” en el que la IA conviva, literalmente, con el humano
El tercer principio habla de la ética en la IA, que ha de emanar de leyes, acuerdos y límites consensuados y conocidos por todos. Una vía para “proteger la información y salvaguardar la confianza [...], promoviendo una IA ética, transparente, confiable, segura y respetuosa”. Esta tecnología, transversal y que afecta a cualquier área y departamento, ya está dando lugar a transformaciones y nuevas formas de hacer las cosas. Una nueva cultura “de mejora continua y crítica constructiva” que, como dice el cuarto principio, tiene que impregnar todas las acciones de la compañía y ser aprendida e interiorizada, formación mediante, por los distintos actores de la empresa, para así “impulsar un futuro con creatividad y progreso constante, en el que las personas puedan desarrollarse y explotar todo su potencial”. El quinto principio, el último del manifiesto, habla de la necesidad de una IA que no perjudique al medioambiente y que reme en favor del bienestar social.
El de MAPFRE es un documento que se adelanta al futuro. Dibuja una IA ética, complementaria a la labor humana, digna y respetuosa con el trabajador, transparente y segura, catalizadora del progreso social y sostenible en un contexto de emergencia climática. Una receta para que el sector de los seguros y sus clientes, es decir, los humanos, nos beneficiemos del infinito horizonte de posibilidades que encierra la colaboración con esta herramienta, tal y como sintetiza el manifiesto: “La inteligencia artificial tiene el potencial de transformar el mundo. Pero sola no funciona: su éxito depende de las personas”.